Dar un sí puede ser fatal

La truffa del sì

Antes de decir «sí», hay que pensárselo bien.
No hablamos de ese «sí» tan famoso, el que se pronuncia ante el altar, del que se dice que les complica mucho la vida a quienes lo pronuncian, sino de otro «sí» que, aunque parece mucho más inocuo, puede ser presagio de grandes problemas y pérdidas de dinero.
Por tanto, antes de pronunciar esta palabra tan corta, debemos prestar mucha atención, algo que, por desgracia, no suele suceder.

De hecho, todos estamos acostumbrados a recibir llamadas de teléfono de operadores desconocidos de centros de llamadas que, antes de explicarnos a qué se debe su llamada, nos piden que confirmemos nuestro nombre y algún que otro dato.
La mayor parte de las veces, bien porque nos pillan por sorpresa o bien porque andamos distraídos pensando en otras cosas, respondemos en seguida con un sí. Ese «sí» que pronunciamos tan alegremente puede resultar fatal.

De hecho, al otro lado de la línea, podrían estar grabando nuestra respuesta a fin de usarla luego para activar un nuevo contrato de suministro de luz o gas o de una nueva línea telefónica, por ejemplo.

En esto consiste la llamada «estafa del sí», que implica una activación en contra de tu voluntad, por supuesto.

La mayor parte de estos casos guardan relación con el sector de la energía. Con el fin del mercado protegido, que tendrá lugar en enero de 2023, los precios del mercado energético dejarán de controlarse y será el consumidor quien decida el operador que debe suministrarle la luz y el gas.

Por ello, los operadores están tratando de acaparar el mayor número de clientes posible a todo correr.

No obstante, tampoco faltan estafas en el sector de la telefonía. Sin embargo, en este caso, para que el engaño llegue a buen puerto, los operadores de los centros de llamadas necesitan el código de migración. El propio usuario, con un poco de ingenuidad, puede revelarlo, aunque también se puede calcular con otros datos del operador habitual que la incauta víctima del engaño siempre proporciona de todas formas.

¿Qué hacer si eres víctima de la estafa del «sí»?

La persona estafada, a menudo, se percata de que le han engañado cuando llega la primera factura de un operador al que no recuerda haber dado ningún consentimiento. Si el consumidor se encuentra en esta situación, lo primero que debe hacer es enviar una carta certificada con acuse de recibo para «rechazar el contrato».

Cómo defenderte

Sin embargo, el objetivo es no llegar a tener que enviar la carta certificada y bloquear cualquier tipo de estafa desde el inicio.

De entrada, es importante seguir algunas reglas:

  • No facilites nunca datos personales.
  • No pronuncies nunca el fatídico «sí». Si te preguntan si eres el Sr. Pérez, puedes responder con otra pregunta, como «¿Con quién tengo el placer de hablar?», o simplemente diciendo «Soy yo».
  • No proporciones nunca el código POD ni el PDR, ya que estos son los códigos únicos que identifican el sistema de extracción de electricidad o gas.
  • Nunca indiques tu número de identificación fiscal, pues es un dato sensible que no se debe solicitar por teléfono.
  • No proporciones tu código IBAN, a menos que sepas con seguridad quién es tu interlocutor.
  • Pide que te digan el código del operador.

Con estas precauciones deberías mantenerte a salvo de cualquier clase de estafa, por muy taimada que sea.

Sin embargo, como para muchas otras estafas que proliferan a toda velocidad por los cables de la red o en el éter, la principal defensa es tomar conciencia y prestar atención.

Conocer los riesgos puede marcar la diferencia

Por tanto, por lo general, siempre resulta conveniente no subestimar las llamadas que recibimos de los centros de llamadas o de desconocidos y no dejar que nos pillen desprevenidos nunca. Los estafadores, tanto si llegan por la web o por el teléfono, conocen bien los mecanismos psicológicos necesarios para que sus víctimas caigan en sus trampas y los aprovechan, por lo que también se sirven del factor humano. Es precisamente este último el que hay que reforzar tomando conciencia de las acciones propias y conociendo los peligros. Tan pronto como los malintencionados se percaten de que se han topado con alguien al que no es fácil engañar, cambiarán de objetivo.